SINOPSIS:
Si alguien le pidiera a Jasmine Santos que describiera la última época de su vida con una sola palabra, sin duda utilizaría una que habría que censurar. Después de años de dedicación e incontables huesos y compromisos rotos, sabe que su oportunidad para dedicarse profesionalmente al patinaje artístico está esfumándose. Sin embargo, cuando la oferta que tanto estaba esperando por fin se presenta, lo hace de la mano de un idiota arrogante que es, además, su némesis. Pero tal vez haya llegado el momento de que Jasmine reconsidere muchas cosas… Entre ellas, a Ivan Lukov.
RESEÑA:
Este es el último libro de romance deportivo que tengo en mi lista de pendientes, lo prometo. También tengo que decir que es, sin duda, el que más me ha gustado de todos. En este caso la historia de amor se desarrolla en el ámbito del patinaje artístico, una disciplina que, personalmente, me parece maravillosa desde el punto de vista estético. Cuando veo a una bailarina dar vueltas y vueltas y más vueltas sobre sí misma, con esas piernas infinitas acentuadas por los patines, además de aguantar la respiración por la emoción, siempre tengo el mismo pensamiento extraño: que si viniera un ejército extraterrestre a invadirnos porque piensa que la humanidad está acabada, habría que enseñarle una actuación de patinaje artístico. Esa mezcla de belleza, determinación, fuerza, rigor… En fín, que el patinaje artístico es increíble.
Así que a la hora de leer el libro partía de varias premisas positivas. Me gustaba el deporte elegido, aunque creo que el virtuosismo de Mariana Zapata como narradora es tal, que también lo hubiera disfrutado si hubiera sido boxeo (algo que personalmente no enseñaría al ejército extraterrestre invasor, por cierto). De hecho, esa era la otra premisa positiva, que me había gustado mucho el otro libro que había leído de la misma autora, Camino a Rhodes. Sin embargo, había escuchado que este era aún mejor. Estoy de acuerdo.
De Lukov, con amor, cuenta la historia de Jasmine Santos, una protagonista con un carácter difícil, porque es directa y temperamental. A veces se mete en problemas por no poder contener su genio (aunque la verdad es que siempre está justificado). Tiene una constancia y una fuerza de voluntad envidiables, lo que la ha llevado a dedicarse en cuerpo y alma al patinaje artístico, a pesar de que nunca ha ganado nada importante y de que ya no es tan joven. Pero claro, al estar narrado en primera persona, conocemos sus pensamientos, y pronto nos damos cuenta de que por muy fuerte que parezca, por dentro está llena de dudas, de heridas profundas que le duelen mucho más que las lesiones que ha sufrido, y de impotencia.
A veces se siente sola, porque solo tiene una amiga a la que no ve tanto como quisiera, pero cuenta con una familia ruidosa que es una maravilla. Te hará llorar, como a mí, seguro, porque aunque siempre se están metiendo todos con todos, la apoyan, incondicionalmente. Saben que es la mejor, aunque no haya ganado nada (todavía). Qué importante es tener este apoyo inquebrantable en la vida. Además, la familia de Jasmine hace que la novela se enriquezca un montón con todos esos personajes secundarios que son la madre, los hermanos, los cuñados y el padrastro, cada uno con sus caracteres bien definidos.
Y luego está, tachán, tachán, Ivan Lukov, claro. Siempre se han comportado como archienemigos a raíz de un comentario bastante estúpido de Jasmine cuando eran unos críos. Y ella siente envidia de él, porque todo lo que Jasmine no ha conseguido, él sí lo ha logrado. Pero entonces comienzan a patinar juntos, en parejas y… hasta ahí puedo contar.
Como ocurre en Camino a Rhodes, el amor entre los protagonistas se cuece a fuego tan lento, que parece que te va a dar un infarto si los protagonistas no se lanzan de una vez. Pero no tienes prisa, porque es muy bonito descubrir cómo él la admira a ella, a pesar de que es Ivan el que tiene la vitrina llena de trofeos. Y no quieres que se acabe porque disfrutas mucho con el mundo de la competición, que, por cierto está perfectamente documentado. ¿Habrá patinado Mariana Zapata? Recuerdo que en el libro anterior también dudé sobre si la autora habría trabajado como compositora musical, por lo bien que conocía todo ese mundillo presente en Camino a Rhodes. Supongo que lo que ocurre es que la autora es una máquina a la hora de documentarse y hace unos libros tan distintos como convincentes.
En definitiva:
Un diez. Lo he disfrutado muchísimo, y eso que la protagonista, como digo, es una chica complicada, pero terminas cogiéndole muchísimo cariño. Es, además, una oda a la constancia, a que hay que seguir luchando por conseguir lo que uno quiere, por más difícil que se presente el objetivo. Tengo muchas ganas de leer los siguientes libros que publique Mariana Zapata y de ver con qué nos sorprende.


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